Revista Digital de Literatura y Crítica Literaria

        
Mª Victoria Reyzábal
En torno a "Madrid: frontera", de David Llorente Ed.: Alrevés, Barcelona

Mª Victoria Reyzábal

David Llorente

Ediciones Alrevés

En esta novela se cuenta una historia cruel de la que nadie puede evadirse. Se desarrolla en un futuro Madrid, aquí actual, cegado por el crimen de los que mandan y la debilidad del resto que nos se atreve o no encuentra la manera de organizarse en contra de la impudicia de los gobernantes.

        Los personajes que se desenvuelven en esta trama actúan en barrios contrapuestos, unos en los lujosos, seguros entre sus guardaespaldas, artilugios varios y perros mecánicos y los míseros desahuciados de sus hogares, condenados a subsistir bajo cartones y a comer basura que deben robar o incluso comprar. “¿Qué espectáculo es ese? Una ciudad de edificios apagados. Barrios enteros sumidos en la sombra. El cuello de las grúas (diplodocus de óxido) recortados en el horizonte. Fuego de bidones en los descampados. Las dos chimeneas del crematorio de libros. […] A los que han perdido la casa los llaman comebasura porque realmente deambulan por los alrededores de la plaza del Kilómetro Zero y se acercan a los restaurantes a la hora en que sacan sus toneladas de desperdicios. […] Los comebasura se meten dentro de sus cartones de frigorífico y se abrazan a sus maletas. La lluvia (inasequible al desaliento) golpea contra sus cartones. Es un ruido acompasado que a veces (incluso) los ayuda a dormir.” También están los muertos que siguen gritando, las sirenas que intentan como es su costumbre seducir con su canto a los hombres y algún  rebelde, en general aniquilado por compañeros vendidos al enemigo.

         Las acciones transcurren en una urbe en la que llueve permanentemente, casi no se respira y el mar -en la obra Madrid tiene mar- sucio de petróleo que es otra forma de estar atrapados en una especie de pocilga. “El mar de Madrid es negro como la tinta. En el mar de Madrid habitan las sirenas más taimadas de todos los océanos. […] Las sirenas de la costa de Madrid pronuncian el nombre de Sigfrido. Le dicen que en el mar ya no quedan peces y que su esfuerzo de todas las mañanas es en vano. Le dicen que salte al agua y que nade hacia ellas y se deje cuidar”. Muchos personajes entran y salen, como de un mosaico con piezas intercambiables en donde matar o ser asesinado forma parte del día a día. “Los agentes antidisturbios acaban de recibir la orden de dispersar a los comebasura. Es mera gimnasia. Puro desentumecimiento de músculos. Nada libera más estrés que reventar un tímpano de un porrazo o retorcer un par de dedos hasta que se rompen”. Relata los sucesos -del pasado, presente y futuro- un narrador omnisciente, ajeno a sentimientos y emociones, que encuadra actores y ejecutores visualizados por los hechos que él enuncia, tanto realizados como por realizar, especialmente enumera las acciones del protagonista, quien se entera incluso de su existencia, varias identidades y quehacer diario por su interlocutor, el susodicho acumula distintos nombres y varios cambios de conducta mientras pasa de pordiosero a revolucionario y luego a acomodarse al sistema; entonces será un matón bien gratificado por los jefes, más tarde asesino de todos ellos hasta obtener el poder absoluto.

         Apenas se encuentran en el texto atisbos de ternura o amor, ni de sol o esperanza, todos actúan como depredadores en su nivel de arriba o de pasivos dóciles los de abajo, y el elegido (protagonista) formado por un grupúsculo de resistentes clandestinos para dar el golpe de gracia a semejante régimen de terror, traiciones, lujuria y ambiciones, es el que sinuosamente se aúpa hasta el lugar más alto de todo el entramado. “Tu rostro aparece en todas las pantallas de plasma de los edificios de la ciudad de Madrid. Dices: Me llamo David Ezequiel González-Caballo […] Hoy el sol brilla para la ciudad de Madrid. Sobre las ruinas del pasado se levanta el esplendoroso edificio del mañana. ¿No lo veis? La ciudad de Madrid ya está libre de la maldad, del anacronismo y del peso de las instituciones.”

         La obra violenta y atroz nos sacude y hasta espanta o, al menos, desasosiega, en su despliegue como especie de novela de ciencia ficción negra, en un Madrid con playas, con yates, con magníficas mansiones y hasta ramblas, lleno de prostíbulos y seres vencidos, militares adictos a matar, bancos fraudulentos y autoridades que hablan a través del plasma, donde la máxima aspiración consiste en conseguir un billete de avión solo de ida, porque en esta ciudad que es y no es ella, está aconteciendo un apocalipsis.

         El autor, dramaturgo comprometido y novelista premiado y reconocido, vive en Praga y ha superado una depresión que le impedía escribir y de la que posteriormente surgiría la obra que nos ocupa, la cual se encauza en una formulación diferente a las habituales. Según confesión propia, huye de adjetivos y descripciones para concentrarse en lo esencial, también sostiene que en Madrid: frontera no hay ciencia ficción sino constancia de la realidad, por eso la cataloga de novela social, de ahí también las constantes repeticiones de imágenes, las que, como si fueran ecos, salmodian situaciones extremas cual cuadros superpuestos o fotogramas a manera de muñecas rusas, entre evocaciones de Fahrenheit 451 y otras obras literarias de prestigio y, obviamente, de denuncia social.