Revista Digital de Literatura y Crítica Literaria

        
José García Pérez

María Victoria Atencia

José García Pérez

Ayer tuve que estar allí, en la entrega del Premio de las Letras Andaluzas “Elio Antonio de Nebrija” -creado por ACE-Andalucía en aquellos tiempos en el que un servidor de ustedes y la verdad fue Presidente de dicha Asociación- y que se entregó en el Salón de los Espejos del Ayuntamiento de Málaga a la insigne poeta María Victoria Atencia, hermana de mis grandes amigos Manuel y José que en paz descansen.

 

         Tuve que estar allí porque durante mi “mandato” como “presi” de ACE-A entregué, que ahora recuerde, la Medalla del citado premio a Manuel Alcántara, Rafael Guillén, Antonio Gala y Antonio Hernández.

 

         Tuve que estar allí porque me hubiese agradado saludar al Excmo. Alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, y recordarle qué hay de aquel expediente en el que algunos cientos de personas pedían que el Ayuntamiento de “esta ciudad que todo lo acoge y todo lo silencia” solicitaba que me fuese otorgado el título de ser “hijo adoptivo de Málaga”, aunque lo sea en realidad.

 

         Tuve que estar allí para saludar al representante de Fundación Unicaja al que tanto yo, como ACE-Andalucía, debemos la independencia económica de la citada Asociación y, por tanto, no deber vasallaje alguno a las autoridades políticas del lugar, Andalucía.

 

         Tuve  que estar allí para saludar, si es que aparecía, a la Consejera de Cultura de la Junta de Andalucía, Rosa Aguilar, antigua “pecera” que saltó con pértiga el paso de la utopía a la realidad de lo seguro.

 

         Tuve que estar allí para dar y recibir abrazos a tantos amigos y amigas que seguro se han dado cita entre los espejos del magno salón y que, algunos de ellos y ellas, me pueden creer muerto.

 

         Tuve que estar allí, pero no fui para no ver a aquellos que jugaron con mi honor, como si éste, el honor, se concediese en una reunión y no se ganase por la postura honrada y honesta de una vida al servicio de la verdad.

 

         Tuve que estar allí, pero es que allí se encontraban PS, MG, y RS, personas ellas que antepusieron la ambición de un pequeñísimo poder a la grandeza de una noble amistad.

 

         Tuve que estar allí, pero preferí la soledad de escribir al jolgorio de la falsedad premeditada.

 

         Conste que tuve que estar allí, pero decliné la invitación a la hipocresía por mantener viva mi dignidad personal.

 

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